En el país, la cultura del "hacer todo lo posible" a menudo se confunde con el encarnizamiento terapéutico. Sin embargo, en los últimos años, el enfoque médico ha comenzado a virar hacia una verdad ineludible: cuando la curación ya no es posible, el alivio del sufrimiento se convierte en la máxima prioridad.
El marco legal: La Ley 22-23
El gran hito reciente en el país es la promulgación de la Ley No. 22-23 sobre la Atención a Pacientes en Cuidados Paliativos. Esta legislación reconoce formalmente que el alivio del dolor y el apoyo psicológico no son "lujos", sino derechos fundamentales.
-
Objetivo: Garantizar que pacientes con enfermedades terminales o degenerativas reciban asistencia integral.
-
Inclusión: Busca integrar estos servicios tanto en hospitales públicos como en clínicas privadas.
Los desafíos del acceso y la disponibilidad
A pesar de la ley, la realidad en las consultas dominicanas presenta obstáculos significativos:
-
Acceso a opioides: El país ha enfrentado históricamente trabas burocráticas para la prescripción de morfina y otros analgésicos potentes. El miedo a la adicción (mitos médicos) y el control estricto de sustancias a veces retrasan el alivio del paciente.
-
Centralización: La mayoría de las unidades especializadas se encuentran en Santo Domingo y Santiago. Un paciente en Elías Piña o Pedernales tiene muchas menos probabilidades de recibir una visita domiciliaria paliativa.
-
Costo de insumos: Muchos de los dispositivos de asistencia y medicamentos de soporte no están totalmente cubiertos por los planes básicos de las ARS, lo que empobrece a las familias en las etapas finales de la vida.
Instituciones que marcan la diferencia
Contamos con entidades que han sido pioneras en humanizar el final de la vida:
-
Asociación Dominicana de Voluntariado Hospitalario y de Salud (ADOVOHS): Grandes promotores de la cultura del cuidado.
-
Instituto Nacional del Cáncer Rosa Emilia Sánchez de Tavares (INCART): Posee una de las unidades de cuidados paliativos más robustas del sector público.
-
Hospice La Altagracia: Enfocado en brindar dignidad a quienes no tienen recursos.
El rol de la familia dominicana
En RD, el cuidado paliativo tiene un componente cultural fortísimo. A diferencia de sociedades más individualistas, el dominicano suele cuidar a sus enfermos en casa.
"No se trata de ayudar a morir, sino de ayudar a vivir con calidad hasta el último suspiro."
Sin embargo, esto genera el fenómeno del "cuidador quemado". Los programas paliativos en el país están empezando a entender que deben atender no solo al enfermo, sino también a la familia que se agota física y emocionalmente.
El país está en una etapa de transición. Tenemos la ley y tenemos el corazón para cuidar, pero falta presupuesto y educación. El futuro de la salud paliativa dominicana depende de que entendamos que la medicina no solo sirve para salvar vidas, sino también para acompañar con amor y ciencia cuando la vida se apaga.


